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Los riñones son los ingenieros químicos del cuerpo humano. Estos órganos, del tamaño de un puño, filtran aproximadamente 200 litros de sangre al día para eliminar desechos y exceso de agua, convirtiéndolos en orina; pero su labor va mucho más allá: regulan la presión arterial, mantienen el equilibrio de electrolitos y producen hormonas esenciales para la salud ósea y la formación de glóbulos rojos. Sin embargo, cuando la función renal se ve comprometida por enfermedades como la diabetes, la hipertensión o la enfermedad renal crónica (ERC), la alimentación deja de ser solo nutrición para convertirse en la terapia principal de conservación orgánica.

La dieta renal es un plan de alimentación diseñado específicamente para reducir la carga de trabajo de los riñones, prevenir la acumulación de toxinas en la sangre y minimizar las complicaciones metabólicas. Si requieres más información al respecto, te invitamos a conocer en qué consiste este régimen y cuáles son los pilares fundamentales para proteger tu salud renal.

¿En qué consiste la dieta renal?

A diferencia de las dietas convencionales que suelen enfocarse en la pérdida de peso, la dieta renal es altamente individualizada y evolutiva. Su objetivo principal es el manejo de los electrolitos y los subproductos del metabolismo proteico que el riñón ya no puede procesar eficientemente.

Cuando los riñones fallan, sustancias como el potasio, el fósforo, el sodio y la urea comienzan a acumularse a niveles peligrosos. Este fenómeno puede derivar en problemas graves, desde arritmias cardíacas por exceso de potasio hasta descalcificación ósea por niveles descontrolados de fósforo. Por ello, la dieta renal no es una talla única para todos. Su composición depende directamente del estadio de la enfermedad renal en el que se encuentre el paciente y de si está o no en tratamiento de diálisis.

Cuando los riñones no filtran adecuadamente, los subproductos del metabolismo se quedan en el cuerpo. Una dieta renal busca el equilibrio perfecto: proporcionar la energía suficiente para evitar la desnutrición, pero limitando aquellas sustancias que el riñón ya no puede procesar de manera eficiente.

Características clave para proteger tus riñones

Para que una dieta renal sea efectiva, debe centrarse en controlar cinco elementos críticos que impactan directamente en la hemodinámica y la integridad de la nefrona, la cual es la unidad funcional del riñón.

1. Control de proteínas. El equilibrio entre nutrición y toxicidad

Las proteínas son vitales para reparar tejidos, pero su descomposición genera urea, un residuo que los riñones deben filtrar. En las etapas iniciales de la enfermedad renal, se suele recomendar una dieta hipoproteica, es decir, baja en proteínas, para reducir el estrés sobre las nefronas.

Sin embargo, el enfoque cambia si el paciente está en diálisis, ya que este proceso elimina proteínas de la sangre, requiriendo entonces un consumo mayor para evitar la desnutrición. La clave moderna reside en la calidad: priorizar proteínas de alto valor biológico, como lo son huevos, pescados, carnes magras, o fuentes vegetales controladas que generen menos residuos ácidos.

2. La batalla contra el sodio y la hipertensión

El sodio es el enemigo número uno de la presión arterial, y la hipertensión es, a su vez, la principal causa y consecuencia del daño renal. Un exceso de sodio obliga al cuerpo a retener líquidos, lo que aumenta la presión sobre los vasos sanguíneos del riñón y sobrecarga al corazón.

  • La meta. Se recomienda menos de 2,300 mg al día.
  • Acción. Evitar alimentos procesados, enlatados y embutidos. Se recomienda sustituir la sal de mesa por hierbas frescas o especias para no comprometer el sabor.

3. Gestión del potasio. El guardián del ritmo cardíaco

El potasio es esencial para la función muscular y nerviosa, pero niveles elevados (hiperpotasemia) pueden provocar un paro cardíaco repentino. En una dieta renal avanzada, se deben limitar alimentos como plátanos, papas, tomates y espinacas.

  • Técnica de protección. Para quienes aman los vegetales, técnicas como el doble remojo o la doble cocción de tubérculos ayudan a extraer el potasio, permitiendo su consumo en cantidades moderadas sin riesgo excesivo.

4. Control del fósforo y la salud ósea

A medida que la función renal decae, el fósforo se acumula, lo que provoca que el cuerpo extraiga calcio de los huesos para intentar equilibrar la balanza. Esto debilita el esqueleto y calcifica las arterias.

  • Evitar. Refrescos de cola, alimentos ultraprocesados con aditivos de fosfato (que son 100% absorbibles) y lácteos en exceso.

5. Balance hídrico. ¿Cuánta agua es demasiada?

Existe el mito de que «beber mucha agua siempre es bueno para los riñones». Si bien es cierto para prevenir piedras en el riñón en personas sanas. No obstante, para pacientes renales en etapas avanzadas o con insuficiencia renal terminal, el riñón pierde la capacidad de producir orina. En estos casos, se debe restringir el consumo de líquidos, incluyendo sopas, hielos y frutas acuosas para evitar edemas, congestión pulmonar e insuficiencia cardíaca congestiva. El médico debe determinar la ingesta de líquidos basada en la producción de orina diaria.

La importancia de la personalización

Es fundamental entender que una dieta renal es dinámica. Lo que funciona en el Estadio 2 de la enfermedad no será suficiente en el Estadio 5. Por ello, el acompañamiento de un nutricionista renal es indispensable para ajustar las calorías y evitar la pérdida de masa muscular, un problema común en estos pacientes.

La dieta renal no debe verse como una restricción punitiva, sino como un estilo de vida preventivo. Al controlar la ingesta de sodio, equilibrar las proteínas y vigilar los niveles de minerales, no solo estamos extendiendo la vida útil de nuestros riñones, sino que estamos protegiendo nuestro sistema cardiovascular y óseo. La intervención temprana mediante la nutrición es la estrategia más efectiva para retrasar, o incluso evitar, la necesidad de terapias de reemplazo renal como la diálisis.

Importante: Cada organismo es único. Es imperativo consultar a un nefrólogo y a un nutricionista especializado en riñón antes de realizar cambios drásticos en la dieta.

 

Fuentes:

Jara, J., & Guerrero, K. (2024). Recomendaciones nutricionales específicas en pacientes con enfermedad renal crónica avanzada. Revisión sistemática. Disponible en: https://www.bing.com/ck/a?!&&p=75b789fc6897a53c0f90edf13460ec816ed4a1c0af0d23bee0ebf83dc18c19aaJmltdHM9MTc2OTczMTIwMA&ptn=3&ver=2&hsh=4&fclid=1a8a1de3-636c-69fe-0a15-090062db68c7&psq=Cuppari%2c+L.%2c+%26+Avesani%2c+C.+M.+(2019).+Nutrici%c3%b3n+en+la+Enfermedad+Renal&u=a1aHR0cHM6Ly9jaWVuY2lhbGF0aW5hLm9yZy9pbmRleC5waHAvY2llbmNpYWxhL2FydGljbGUvdmlldy8xMDY3NQ

National Kidney Foundation (NKF): KDOQI Clinical Practice Guideline for Nutrition in CKD. Disponible en: https://www.kidney.org/press-room/national-kidney-foundation-academy-nutrition-and-dietetics-release-kdoqi-clinical#:~:text=Aug.%2020%2C%202020%2C%20New%20York%2C%20NY%20%E2%80%94%20The,treat%20people%20with%20all%20stages%20of%20kidney%20disease.

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